In the News / November 2017

La Ironía de la Oportunidad

Tito se encontró con gente vendada, golpeada y gente que había sido rescatada de secuestros cuando supo que había tenido suerte. Rodeado de historias trágicas, comprendió que “era casi un milagro” que no le hubiera pasado algo similar a él.

Tito tiene 21 años, es risueño, alto y delgado. Su historia es parecida a la de muchos jóvenes que son obligados a crecer de golpe, a colocar en una balanza la esperanza y poner en riesgo su vida. Estudió en Santa Ana hasta noveno grado, intentó estudiar primer año de bachillerato en modalidad flexible, pero no pudo. Tuvo que empezar a trabajar. Fue contratado informalmente como encuestador y con eso pudo aportar un poco de dinero a su casa.

“Decidí migrar por problemas económicos, por buscar un mejor tipo de vida. Yo estaba trabajando eventualmente aquí en el país y con unos amigos hablamos que si no nos salía la plaza, íbamos a viajar. Entonces, cuando pasó el tiempo, no nos salió la plaza y decidimos viajar. Todos ya teníamos un porqué. Mi mamá no trabaja y mi papá no es como un papá para mí. A mi mamá yo la veía frustrada, bastante triste, y por eso decidí ayudarle”, relata con naturalidad.

Sin estudios de bachillerato, sin un empleo formal y sin fuente de ingresos en la familia, decidió irse en 2016. Ahorró $100 y con otros dos compañeros del trabajo tomaron un bus hacia la frontera con Guatemala, sin coyote. Recorrió Guatemala y cruzó sin documentos la frontera de México. “Ya en ese país, ni uno de los tres abría la boca. Todos calladitos porque si no, ellos iban a notar que no éramos de ahí”, narra.

A Tito aún parece molestarle una cosa. No cuenta de quién fue la culpa, pero está seguro de que su propia boca los delató. Él dice que mientras se dirigían en un bus hacia la capital mexicana, el motorista los escuchó decir algo. Un rato después, el conductor paró el bus y un policía subió al transporte directo hacia ellos. Así empezó su deportación, sin haber llegado a ninguna parte.

Tito y sus amigos fueron trasladados a un centro de resguardo para migrantes en México. En una sala con más migrantes que habían corrido peligros como desapariciones, secuestros y golpizas, se dio cuenta de que el camino no era tan sencillo como lo imaginaba. Decidió solicitar asilo en México. Al hacerlo, México tendría que investigar su contexto y analizar las opciones que lo empujaron a tomar la decisión de migrar.

En ese centro donde se encontró detenido, el joven cuenta que “una esquina era un sector de una pandilla y en la otra esquina (había) otra”. Y a los 10 días de estar durmiendo “en una cama de cemento solo con una sábana”, desistió de su petición.

El Salvador catalogó su caso dentro de Migración por razones económicas. Cuando volvió, en San Salvador no había nadie esperándolo. Fue hacia la terminal de occidente y recogió sus pasos hasta llegar a la casa de su madre.

“A los meses me llamaron y yo sentí algo extraño y llegué a una reunión del Comité Estadounidense para Refugiados e Inmigrantes (USCRI). Comenzó la aventura porque por ellos es que estoy estudiando”, cuenta con ilusión desde la oficina de esa organización en San Salvador.

USCRI es una ONG que trabaja con refugiados y migrantes deportados. Desde el año pasado, Migración ha referido a 252 jóvenes para que les brinden ayuda. Quienes son enviados a esta organización tienen entre 18 y 25 años, y su motivo para migrar fue la falta de recursos económicos. La organización los contacta, les hace una entrevista y busca colocarlos en algún curso de formación o de inserción laboral. Sin embargo, el teléfono no siempre se responde del otro lado.

Eunice Olán, la coordinadora nacional de USCRI Centroamérica, explica que llevan ya 64 casos cerrados. Estos se traducen en 64 jóvenes que cuando fueron buscados, no quisieron pertenecer a ningún programa o ya habían emprendido de nuevo el camino hacia Estados Unidos.

Hasta que Tito fue deportado su necesidad se hizo visible para el Estado. Ser deportado fue el factor que le dio la oportunidad para entrar en un programa de becas de estudios.

Ahora estudia un Técnico en Electricidad Industrial de dos años en el ITCA de Santa Tecla. Del comité recibe $5 por cada día que estudia. Con eso paga sus fotocopias, sus almuerzos y su pasaje del bus desde Santa Ana.

Leer más aquí.

Versión inglesa

Related content

See More Posts